Esa canción que he escuchado muchas veces.
Esa canción que sabes cómo suena pero que cuando empieza la letra igual te revuelve un poco la guata.
Como esa sensación de que se te revuelve la guata. Y queda revuelta, porque no sabes cómo componerla después.
Y sale a flote el tema de las inseguridades, en cómo estamos, y estoy, constituidos como personas. Cómo fue que forjamos nuestras actitudes y nuestras creencias, cómo fue que construimos nuestro piso.
Recuerdo, hará unos ocho años atrás, cuando recién comencé a conocer a Martín, en esas clases que nos hacía el Tito y en las que tanto crecí, que una vez el dijo, desde su puesto sin muchos amigos:
Tenemos que aprender a construir nuestro piso en base a nosotros mismos. No es posible construirlos en base a los demás. Si no somos nuestro apoyo, quién lo será.
Y recuerdo que pensé, qué weón más bacán, tengo que ser su amigo.
Y sé que hemos aprendido caleta del otro.
Y el corazón vuelve a palpitar. No sé bien por qué. Debe ser por ese miedo injustificado a que las cosas se repiten. Algo así como en la torre, sólo que acá no tengo la posibilidad de cerrar el libro y hacer cualquier otra cosa.
Y no me gusta el olor del tabaco quemado, pero quiero fumar más.
Que triste igual que todo lo que esté viviendo no sea real.
Que todo lo que esté viviendo, no podrá ser pleno como pudiese haber sido.
Que pena que se tengan que aterrizar todos los sueños, que no sólo sean sueños que uno quiere cumplir, sino que está casi la seguridad que nunca serán reales, y si son reales, una parte nunca creerá en ellos.
Pero no es tan terrible. Me han hecho creer que la vida es mala, y de a poco lo voy creyendo.
De a poco lo veo.
Y estoy seguro que no te conocí cuando estabas bien, sino cuando estabas peor.
Ya dejaste de creer.
Y no sé qué pensar. Sigue sonando Pink Floyd que ya no es ese post rock obsoleto.
Y pienso en el azar de la vida, en esas miradas que podemos hacer y que cambian todo tu futuro.
Y que no sé si me gustan.
Esa fragilidad, que suena frágil como alguien un día me dijo, me aterra.
Siempre he dicho, desde hace algún tiempo que el paracetamol es malo no¿
Ahora es peor.
Creo que lo único que quiero, es que si todo esto termina algún día, no termine mal.
Por que si no, no sabría qué hacer.
Y qué hago cuando no sé qué hacer¿
Nada. O bien, nada.
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martes, 19 de junio de 2012
viernes, 23 de marzo de 2012
Viernes
Y aún no llega el correo.
Y me cagaron con ser auxiliar.
La música está fuerte, no hay nadie en casa. Se supone que en un rato tengo que salir a clases, tengo ese ramo que me gusta y después ese otro ramo fome.
Ayer me sentía mal. Un dolor de cabeza fuerte, con un cansancio que era fome hacer cualquier cosa menos dormir. En el metro reforzaba los argumentos de por qué no me gusta andar en metro, y en la micro el volumen del reproductor de música era imposible dejarlo en un volumen adecuado. Pero llegué a mi casa, saludé, vi el correo y me acosté en la hamaca, extrañando en un principio pero necesitaba dormir.
Se supone que tengo que estudiar mucho pero no he estudiado mucho. Un profe nos cagó y puso un ejercicio al día siguiente de cartabo a las ocho y media. Así que este fin de semana tendré que darle a puro estudiar y resolver la tarea y esas cosas.
Y ahora, tengo que ordenar.
Y me cagaron con ser auxiliar.
La música está fuerte, no hay nadie en casa. Se supone que en un rato tengo que salir a clases, tengo ese ramo que me gusta y después ese otro ramo fome.
Ayer me sentía mal. Un dolor de cabeza fuerte, con un cansancio que era fome hacer cualquier cosa menos dormir. En el metro reforzaba los argumentos de por qué no me gusta andar en metro, y en la micro el volumen del reproductor de música era imposible dejarlo en un volumen adecuado. Pero llegué a mi casa, saludé, vi el correo y me acosté en la hamaca, extrañando en un principio pero necesitaba dormir.
Se supone que tengo que estudiar mucho pero no he estudiado mucho. Un profe nos cagó y puso un ejercicio al día siguiente de cartabo a las ocho y media. Así que este fin de semana tendré que darle a puro estudiar y resolver la tarea y esas cosas.
Y ahora, tengo que ordenar.
jueves, 2 de febrero de 2012
Esos días de melancolía
En los que hace calor y estás resfriado. Suena música lenta y tienes más ganas de tomar té que cerveza. Donde ir a acostarte, luz tenue, un incienso prendido junto con un buen tema de post rock formarían la parte perfecta.
Un libro abierto en tu regazo, ese olor a papel antiguo que antes perseguí tanto, de biblioteca en biblioteca como un cazador de experiencias, esos caminos que hacíamos para pasar por muchas bibliotecas al día, y nos quedabamos sentados, con la cabeza ladeada leyendo títulos y títulos, y derrepente gritar de alegría, o bien hacer un gesto por algún buen título que trajo gratos recuerdos.
Recuerdos de esos días anteriores a los primeros días, donde nada era muy conciente y los recuerdos se ven difuminados, hasta falseados por espectativas actuales.
Pero la mecánica cuántica te trae de vuelta, aún no terminas el pacto que prometiste, recuerdas cuando ibas en bici acá cerca, y lo pasabas bien. Cuando manejaba otra bici y las distancias siempre eran grandes. Ahora, pienso en ellas como algo pequeño, como un buen pasado, uno de los mejores que pude tener, esas risas de hace tantos años ya que cada cierto tiempo me recuerdan, y obligan, el hecho de estar pendiente de los años, de a veces imaginar cómo será, un café, un bar, yo esperando de antes, invitando la ocasión, y pensar en qué nos pasó, ese pensamiento que tantas veces he pensado y pocas en realidad dicho pero es tan esclarecedor cuando no hay una respuesta. Qué nos pasó, creo que hasta en una película lo vi y recordé.
Y vuelvo más al pasado, cuando sentía miedo de leer y no tenía que hacer nada, sólo estar allí. Pero ya se fue el efecto, fue una fluctuación nomás.
Nada de qué preocuparse.
Un libro abierto en tu regazo, ese olor a papel antiguo que antes perseguí tanto, de biblioteca en biblioteca como un cazador de experiencias, esos caminos que hacíamos para pasar por muchas bibliotecas al día, y nos quedabamos sentados, con la cabeza ladeada leyendo títulos y títulos, y derrepente gritar de alegría, o bien hacer un gesto por algún buen título que trajo gratos recuerdos.
Recuerdos de esos días anteriores a los primeros días, donde nada era muy conciente y los recuerdos se ven difuminados, hasta falseados por espectativas actuales.
Pero la mecánica cuántica te trae de vuelta, aún no terminas el pacto que prometiste, recuerdas cuando ibas en bici acá cerca, y lo pasabas bien. Cuando manejaba otra bici y las distancias siempre eran grandes. Ahora, pienso en ellas como algo pequeño, como un buen pasado, uno de los mejores que pude tener, esas risas de hace tantos años ya que cada cierto tiempo me recuerdan, y obligan, el hecho de estar pendiente de los años, de a veces imaginar cómo será, un café, un bar, yo esperando de antes, invitando la ocasión, y pensar en qué nos pasó, ese pensamiento que tantas veces he pensado y pocas en realidad dicho pero es tan esclarecedor cuando no hay una respuesta. Qué nos pasó, creo que hasta en una película lo vi y recordé.
Y vuelvo más al pasado, cuando sentía miedo de leer y no tenía que hacer nada, sólo estar allí. Pero ya se fue el efecto, fue una fluctuación nomás.
Nada de qué preocuparse.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Te
De regalo de cumpleaños recibí del agu te. Era un te bastante especial, te negro con sabor a chocolate.
Ahora, mientras se supone que estudio y que en realidad estoy viendo el planeta de los simios, tomo té y escucho música relajada, de esa, la de antes.
Y es una sensación espectacular.
Ahora, mientras se supone que estudio y que en realidad estoy viendo el planeta de los simios, tomo té y escucho música relajada, de esa, la de antes.
Y es una sensación espectacular.
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